
Reportajes a la realidad
Asesinato en la amistad
Montevideo, 24 Mar (UYPRESS/Humberto Carranza) – Todos los asesinatos son infames. Hubiera querido comenzar esta sección con la otra realidad. Que existe y que muchas veces no la vemos. Nos la tapa el árbol de las malas noticias interesadas. Pero este asesinato es demasiado cercano, cobarde y miserable.
Se llamaba Anibal Luna, tenía 43 años, su esposa Marcela y dos hijos adolescentes. Trabajaba desde hacía 10 años desde las 8 de la mañana hasta las 10 de la noche en un almacén de barrio llamado “La amistad”. Era empleado y ahorró durante muchos años, pensaba irse a probar suerte a los Estados Unidos, pero lo pensó mejor y compró el boliche.
No era sólo el almacenero del barrio, le hacía honor al nombre del comercio, era un amigo para muchos de nosotros, para la gente de su barrio. Era una gran amistad almacenera estacionada en Uruguayana y Larrobla. Nos daba algo que no se compra: un trato entre seres humanos que se respetan y que necesitan un instante de buen humor.
Anoche entraron dos cobardes, dos miserables, se tapaban la cara, la cabeza y el alma con cascos de moto. Todo sucedió en pocos minutos. Entraron, sacaron las armas, pidieron la plata, Aníbal se la dio, incluso la de su billetera personal. Se iban. Uno de ellos se dio vuelta y le disparó dos tiros, uno le atravesó el pecho. Se murió en pocos minutos.
Anibal, que sabía de ahorrar para comprarse algo y quedarse aquí en su país, que tuvo esperanzas, que crió junto a Marcela a sus hijos, que se hizo respetar y querer por todos los que lo conocimos, por sus amigos-clientes, le dio la plata, toda la plata porque había cosas mucho más importantes que la plata, que lo esperaban en su casa, al otro día detrás de ese mostrador donde atendía y pasaba una parte importante de su vida.
No se lo perdonaron. Lo mataron sin causa, sin razón, sin otro motivo que la ferocidad y el desprecio por la vida. Lo dejaron arrastrándose en su propia sangre y en las esperanzas que se le escapaban por un agujero en el pecho. Se tomaron una moto azul, ellos, con sus cascos blancos y se fueron con unos pocos pesos mugrientos.
Es posible que hayan festejado el resultado, que esa noche y ni siquiera miren las noticias y no se enteren de que mataron a un laburante, a una persona de bien. Les da lo mismo.
Voy a tratar de contener mi bronca, de no sumarme a las declaraciones que todos los días escucho y veo en la televisión de las víctimas de rapiñas y asaltos. A mi sólo me rozó, como a los cientos de vecinos indignados, tristes y con tremenda bronca del barrio. Hoy cuando me enteré se me estrujó el corazón, mañana cuando vaya a comprar algo a “La amistad”, ya sé que estará cerrado por duelo y dentro de algunos días, sé también, que detrás del mostrador habrá otra cara, otra persona, otras esperanzas, y otra esposa, otros gurises esperándolo a la noche a que regrese, cansado y feliz de un nuevo día de trabajo. ¿Los próximos asaltantes, serán los mismos? Porque a Aníbal lo habían rapiñado varias veces.
No sé si son menores, si son fugados del INAU, si son rapiñeros con varios antecedentes en uno de los recreos entre calabozo y calabozo. Todavía no se conoce a los culpables. Es posible que los detengan. En este o, en otro robo. Es parte del ciclo.
No soy partidario de la pena de muerte, ni quiero serlo. No quiero que los delincuentes me roben mi humanidad, un mínimo sentido de justicia. No estoy de acuerdo con hacer justicia por mano propia y se perfectamente que no puede haber un policía en cada esquina. Sólo sé que Anibal no estará más, que la amistad y el barrio son un poco más pobres y que todos nos hemos embrutecido un poco más, porque cuando vea que algún comerciante se defendió y mató un asaltante, me conmoveré mucho menos.
La otro que sé es que no se trata de un caso único, aislado, que hay que tomarlo con pinzas porque no refleja la realidad. Hoy las pinzas para tomar estos temas serían tan, pero tan grandes que nos asustan. Cuando la política asuma estos temas desde el simple y terrible razonamiento de la gente común y no nos transmita impotencia y palabras, ese día todos nos sentiremos un poco más seguros.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias
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