
Me cuesta creer que las personas seamos tan indiferentes al problema del otro, que haya tanta frialdad, que no exista un espíritu de solidaridad entre las personas. Puedo llegar a entender aunque no estoy de acuerdo que no ayudemos a un desconocido, ya sea por desconfianza, miedo, etc., pero me cuesta creer que un amigo no ayude a un amigo, o que un vecino a otro vecino.
La sensibilidad hacia los problemas de los otros es lo que nos hace ser humanos y hoy en día estos valores se están perdiendo. Para muchas personas es más fácil esquivar los problemas siendo indiferente que tratar de colaborar para resolverlos, y estas actitudes son las que nos alejan de los valores humanos.
Todavía no puedo creer que habiéndose cumplido 1 mes de la muerte de nuestro querido vecino Aníbal tan solo 50 o 60 personas hayan asistido a su homenaje en el almacén “la amistad”, habiendo en la cuadra más de 500 personas. Puedo entender que era una semana complicada porque era turismo y muchos se fueron para afuera, que era una noche muy fría para la personas mayores, o que algunos no se enteraron, pero lo que no puedo entender es la indiferencia.
Hay muchos ejemplos de indiferencia pero el más claro lo viví con un vecino el mismo día del homenaje. En la mañana de ese día decidí poner un cartel en el hall del edificio para que los vecinos se enteren de la reunión en el almacén. En ese momento me cruce con un vecino con el que nos pusimos a conversar sobre Aníbal. Hablamos de todo lo triste que fue el desenlace de su muerte y me comento que trataba de no pasar por la cuadra del almacén porque le daba tristeza. En ese momento le comente que se cumplía un mes de la muerte de Aníbal por lo que se iba a hacer un homenaje en el almacén y me contesto que iba a hacerse un rato para ir. Fui hasta el almacén y me encontré con la sorpresa de ser el único de mi edificio que asistió. Cuando estaba regresando a mi casa, nuevamente me cruce con mi vecino que estaba sentado en un muro tranquilo con su perro, con una mirada tímida me saludo de lejos, yo hice lo mismo y volví a mi casa pensando que tenemos muchas cosas por cambiar antes de la inseguridad, desde actitudes que parecen tan simples como la de mi vecino. Si no eliminamos las barreras de la indiferencia es muy difícil que podamos cambiar esta realidad.
Lo que más me llamo la atención es que justo era uno de los vecinos que más ayuda en el edificio, que muchas veces me dio una mano con algún problema en mi casa y que si de él note esa indiferencia que puedo esperar de los que no les importa nada.
En el tiempo que conocí a Aníbal por suerte nunca necesite pedirle fiado, siempre pagaba todo en el momento y si no tenia plata prefería no comprar nada hasta que cobrara porque no me gusta deber plata, en cambio había muchas personas que necesitaron de Aníbal para que les fiara y el ayudo a esas personas sin conocerlas y sin pedirle nada a cambio. La pregunto qué me hago es donde están esas personas ahora, se fueron del barrio, se escondieron, o simplemente miran a un costado. Yo no lo debía ningún favor como otros y sin embargo no me muestro indiferente, yo solo correspondo el buen trato que me dio durante estos años tratando de ayudar con mi humilde granito de arena en lo que puedo desde mi lugar a su familia para que se haga justicia. A lo que quiero llegar con esto, es que no se trata de devolver un favor, se trata de ser humanos y sensible a la situación, buscar todos juntos caminos que nos ayuden a eliminar el problema de la inseguridad.
Como vamos a cambiar esta dura realidad que estamos viviendo si no podemos cambiar cosas más simples que hacen la esencia del ser humano. Si queremos terminar con la inseguridad tenemos que arrancar cambiando la actitud de indiferencia hacia el problema del otro. Para eso tenemos que estar todos unidos, aportando nuestro granito de arena, proponiendo ideas que generen soluciones a la inseguridad, porque si estamos separados y cada uno hace la suya perdemos peso y nadie nos va a dar bola si somos un grupito pequeño. Esta realidad no la cambia un gobierno, no la cambia una persona, la cambia una población unida que no quiere más injusticias.
El problema que hoy es del otro mañana puede llegar a ser nuestro problema.
Pablo Pisón


