lunes, 25 de abril de 2011

Indiferencia


Me cuesta creer que las personas seamos tan indiferentes al problema del otro, que haya tanta frialdad, que no exista un espíritu de solidaridad entre las personas. Puedo llegar a entender aunque no estoy de acuerdo que no ayudemos a un desconocido, ya sea por desconfianza, miedo, etc., pero me cuesta creer que un amigo no ayude a un amigo, o que un vecino a otro vecino.
La sensibilidad hacia los problemas de los otros es lo que nos hace ser humanos y hoy en día estos valores se están perdiendo. Para muchas personas es más fácil esquivar los problemas siendo indiferente que tratar de colaborar para resolverlos, y estas actitudes son las que nos alejan de los valores humanos.

Todavía no puedo creer que habiéndose cumplido 1 mes de la muerte de nuestro querido vecino Aníbal tan solo 50 o 60 personas hayan asistido a su homenaje en el almacén “la amistad”, habiendo en la cuadra más de 500 personas. Puedo entender que era una semana complicada porque era turismo y muchos se fueron para afuera, que era una noche muy fría para la personas mayores, o que algunos no se enteraron, pero lo que no puedo entender es la indiferencia.

Hay muchos ejemplos de indiferencia pero el más claro lo viví con un vecino el mismo día del homenaje. En la mañana de ese día decidí poner un cartel en el hall del edificio para que los vecinos se enteren de la reunión en el almacén. En ese momento me cruce con un vecino con el que nos pusimos a conversar sobre Aníbal. Hablamos de todo lo triste que fue el desenlace de su muerte y me comento que trataba de no pasar por la cuadra del almacén porque le daba tristeza. En ese momento le comente que se cumplía un mes de la muerte de Aníbal por lo que se iba a hacer un homenaje en el almacén y me contesto que iba a hacerse un rato para ir. Fui hasta el almacén y me encontré con la sorpresa de ser el único de mi edificio que asistió. Cuando estaba regresando a mi casa, nuevamente me cruce con mi vecino que estaba sentado en un muro tranquilo con su perro, con una mirada tímida me saludo de lejos, yo hice lo mismo y volví a mi casa pensando que tenemos muchas cosas por cambiar antes de la inseguridad, desde actitudes que parecen tan simples como la de mi vecino. Si no eliminamos las barreras de la indiferencia es muy difícil que podamos cambiar esta realidad.
Lo que más me llamo la atención es que justo era uno de los vecinos que más ayuda en el edificio, que muchas veces me dio una mano con algún problema en mi casa y que si de él note esa indiferencia que puedo esperar de los que no les importa nada.

En el tiempo que conocí a Aníbal por suerte nunca necesite pedirle fiado, siempre pagaba todo en el momento y si no tenia plata prefería no comprar nada hasta que cobrara porque no me gusta deber plata, en cambio había muchas personas que necesitaron de Aníbal para que les fiara y el ayudo a esas personas sin conocerlas y sin pedirle nada a cambio. La pregunto qué me hago es donde están esas personas ahora, se fueron del barrio, se escondieron, o simplemente miran a un costado. Yo no lo debía ningún favor como otros y sin embargo no me muestro indiferente, yo solo correspondo el buen trato que me dio durante estos años tratando de ayudar con mi humilde granito de arena en lo que puedo desde mi lugar a su familia para que se haga justicia. A lo que quiero llegar con esto, es que no se trata de devolver un favor, se trata de ser humanos y sensible a la situación, buscar todos juntos caminos que nos ayuden a eliminar el problema de la inseguridad.

Como vamos a cambiar esta dura realidad que estamos viviendo si no podemos cambiar cosas más simples que hacen la esencia del ser humano. Si queremos terminar con la inseguridad tenemos que arrancar cambiando la actitud de indiferencia hacia el problema del otro. Para eso tenemos que estar todos unidos, aportando nuestro granito de arena, proponiendo ideas que generen soluciones a la inseguridad, porque si estamos separados y cada uno hace la suya perdemos peso y nadie nos va a dar bola si somos un grupito pequeño. Esta realidad no la cambia un gobierno, no la cambia una persona, la cambia una población unida que no quiere más injusticias.

El problema que hoy es del otro mañana puede llegar a ser nuestro problema.


Pablo Pisón

martes, 19 de abril de 2011

Reportajes a la realidad


Reportajes a la realidad

Asesinato en la amistad

Montevideo, 24 Mar (UYPRESS/Humberto Carranza) – Todos los asesinatos son infames. Hubiera querido comenzar esta sección con la otra realidad. Que existe y que muchas veces no la vemos. Nos la tapa el árbol de las malas noticias interesadas. Pero este asesinato es demasiado cercano, cobarde y miserable.

Se llamaba Anibal Luna, tenía 43 años, su esposa Marcela y dos hijos adolescentes. Trabajaba desde hacía 10 años desde las 8 de la mañana hasta las 10 de la noche en un almacén de barrio llamado “La amistad”. Era empleado y ahorró durante muchos años, pensaba irse a probar suerte a los Estados Unidos, pero lo pensó mejor y compró el boliche.

No era sólo el almacenero del barrio, le hacía honor al nombre del comercio, era un amigo para muchos de nosotros, para la gente de su barrio. Era una gran amistad almacenera estacionada en Uruguayana y Larrobla. Nos daba algo que no se compra: un trato entre seres humanos que se respetan y que necesitan un instante de buen humor.

Anoche entraron dos cobardes, dos miserables, se tapaban la cara, la cabeza y el alma con cascos de moto. Todo sucedió en pocos minutos. Entraron, sacaron las armas, pidieron la plata, Aníbal se la dio, incluso la de su billetera personal. Se iban. Uno de ellos se dio vuelta y le disparó dos tiros, uno le atravesó el pecho. Se murió en pocos minutos.

Anibal, que sabía de ahorrar para comprarse algo y quedarse aquí en su país, que tuvo esperanzas, que crió junto a Marcela a sus hijos, que se hizo respetar y querer por todos los que lo conocimos, por sus amigos-clientes, le dio la plata, toda la plata porque había cosas mucho más importantes que la plata, que lo esperaban en su casa, al otro día detrás de ese mostrador donde atendía y pasaba una parte importante de su vida.

No se lo perdonaron. Lo mataron sin causa, sin razón, sin otro motivo que la ferocidad y el desprecio por la vida. Lo dejaron arrastrándose en su propia sangre y en las esperanzas que se le escapaban por un agujero en el pecho. Se tomaron una moto azul, ellos, con sus cascos blancos y se fueron con unos pocos pesos mugrientos.

Es posible que hayan festejado el resultado, que esa noche y ni siquiera miren las noticias y no se enteren de que mataron a un laburante, a una persona de bien. Les da lo mismo.

Voy a tratar de contener mi bronca, de no sumarme a las declaraciones que todos los días escucho y veo en la televisión de las víctimas de rapiñas y asaltos. A mi sólo me rozó, como a los cientos de vecinos indignados, tristes y con tremenda bronca del barrio. Hoy cuando me enteré se me estrujó el corazón, mañana cuando vaya a comprar algo a “La amistad”, ya sé que estará cerrado por duelo y dentro de algunos días, sé también, que detrás del mostrador habrá otra cara, otra persona, otras esperanzas, y otra esposa, otros gurises esperándolo a la noche a que regrese, cansado y feliz de un nuevo día de trabajo. ¿Los próximos asaltantes, serán los mismos? Porque a Aníbal lo habían rapiñado varias veces.

No sé si son menores, si son fugados del INAU, si son rapiñeros con varios antecedentes en uno de los recreos entre calabozo y calabozo. Todavía no se conoce a los culpables. Es posible que los detengan. En este o, en otro robo. Es parte del ciclo.

No soy partidario de la pena de muerte, ni quiero serlo. No quiero que los delincuentes me roben mi humanidad, un mínimo sentido de justicia. No estoy de acuerdo con hacer justicia por mano propia y se perfectamente que no puede haber un policía en cada esquina. Sólo sé que Anibal no estará más, que la amistad y el barrio son un poco más pobres y que todos nos hemos embrutecido un poco más, porque cuando vea que algún comerciante se defendió y mató un asaltante, me conmoveré mucho menos.

La otro que sé es que no se trata de un caso único, aislado, que hay que tomarlo con pinzas porque no refleja la realidad. Hoy las pinzas para tomar estos temas serían tan, pero tan grandes que nos asustan. Cuando la política asuma estos temas desde el simple y terrible razonamiento de la gente común y no nos transmita impotencia y palabras, ese día todos nos sentiremos un poco más seguros.

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias

lunes, 11 de abril de 2011

Mi vecino


Se llamaba Aníbal, tenía 43 años, una esposa y 2 hijos adolescentes, la familia que cualquiera desearía tener.
A base de sacrificio y después de trabajar varios años como empleado logro comprar a su antigua dueña un almacén en el barrio Capurro al que le puso de nombre “La Amistad”. De a poquito se fue ganando el cariño de la gente del barrio, en base al buen trato hacia su clientela.
Aníbal era de esas personas carismáticas, que con 2 palabras te hacia sacar una sonrisa, una persona generosa y amable que sabia tratar a sus clientes, trato que hoy en día es muy difícil encontrar.

Lo veía 4 o 5 veces a la semana, tan solo un ratito, cuando sin muchas ganas me tocaba ir al almacén, pero sabía que estando Aníbal detrás del mostrador esas pocas ganas el me las hacia olvidar. Siempre estaba de buen humor, siempre tenía un tema para conversar, o hacia alguna broma, generalmente hablábamos de nuestro peñarol.

A pesar de tener una hermosa familia todo no era perfecto para Aníbal, constantemente el almacén era asaltado por menores delincuentes. Varias veces le apuntaron con un arma o le pusieron un cuchillo en el cuello para robarle lo que había ganado con su sacrificio. A pesar de eso y de que la familia le pedía que deje el almacén el no se rendía y seguía luchando. Nunca le decía a sus clientes que lo asaltaban y a pesar de la amargura siempre mantenía su sonrisa. En el último asalto le habían robado y destrozado el negocio, fue entrevistado en el noticiero pero sus palabras no sirvieron para cambiar nada, no modificarían su destino.

Un lluvioso día gris de marzo Aníbal se levanto como cualquier otro día a trabajar, tomo su auto y se fue al almacén a cumplir su jornada de 14 horas, ese día yo también hice lo mismo.
Estaba muy oscuro cuando volví a mi casa del trabajo, alrededor de las 18:45, me tome una siesta de 30 minutos y cuando me desperté llego mi novia, nos pusimos a comer algo y prendí la tele para ver las noticias. A eso de las 20:15 sentí lo que jamás hubiera querido escuchar, estaba puesto el canal 12 y de repente el informativista comenta que robaron un almacén en Capurro y mataron al dueño. En ese instante nunca me imagine que la noticia estaría tan cerca de mi casa hasta que menciono las calles Larrobla y Uruguayana, en ese instante me levante de mi silla y me puse frente al televisor, aumente el volumen y mi corazón se paralizo, por dentro pensaba por favor que no sea, hasta que dieron su nombre y fue como una puñalada al corazón, se trataba de Aníbal, el almacenero de mi barrio. En un segundo me pasaron mucha imágenes por la cabeza, grite su nombre diciendo no puede ser. Agarre las llaves y me fui hasta el lugar, deseando que fuese una pesadilla, pero las luces de los patrulleros y ambulancias me mostraban la cruda realidad.

Aníbal había sido asaltado por 2 menores que le apuntaron con un arma, les entrego todo hasta lo que no tenia, cuando se estaban yendo, un segundo de rabia e impotencia hizo que Aníbal se moviera, enseguida uno se dio vuelta y decidió ejecutar cruelmente a Aníbal con un balazo que le atravesó el pecho. Lo dejaron que se arrastrara en su sangre y huyeron cobardemente en una moto, no quiero saber lo que fueron esos últimos segundos para Aníbal. Un minuto después llego su hijo mayor de 15 años y se encontró con su padre doblado en el piso, me mata saber lo que vivió en ese momento el pobre muchachito, no solo mataban a Aníbal sino también el corazón y las ilusiones del pobre chiquilín y toda su familia.

Constantemente me pregunto porque la ambulancia tardo 30 minutos en llegar estando todas las emergencias instaladas a 3 cuadras del almacén de Aníbal. No sé si llegando antes se hubiera salvado, ya que la herida era muy grave, me quedare siempre con esa duda.
Como la ambulancia no llego a tiempo a Aníbal lo traslado un patrullero hasta un policlínico en el Cerro, pero cuando llegaron ya se había muerto desangrado, ya habíamos perdido a nuestro gran vecino, nuestro amigo.

La noche anterior a la misma hora salí a hacer las compras y estuve con Aníbal, conversamos como lo hacíamos habitualmente, hablamos de la pelea de boxeo de Chris Namus y lo salude con un apretón de manos sin saber que me estaría despidiendo de él, que sería mi último saludo.
No logro sacarme esa charla de la mente, no logro caer de que este muerto. Pasar por el almacén y verlo cerrado y vacio sin Aníbal entristece mi corazón, mi alma, nos hicieron perder la alegría en el barrio, perdimos una excelente persona, pero su familia perdió todo, perdió un padre y esposo.
Ya el almacén no será el mismo, podrán venir otras buenas personas, pero de Aníbal no nos olvidamos jamás.

Pablo Pisón

Justicia… ¿Que significa? ¿Existe esa palabra?


Vivo en un pequeño país que no conoce la palabra justicia, un país en que los gobernantes y jueces a lo largo del tiempo nos han hecho olvidar lo que significa.
Lamentablemente nos estamos acostumbrando a ver en los noticieros como las familias trabajadoras pierden a sus seres queridos en mano de menores que no respetan la vida, menores que no tienen piedad y compasión hacia la vida humana, menores con una frialdad inimaginable. Cuando estas personas que no merecen ser llamadas así son los que tendrían que pudrirse en una cárcel, la sociedad trabajadora es la que esta tras de rejas y ellos sueltos matando sin sentido.

Quisiera saber cuando van a despertar señores gobernantes, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Que están esperando para hacer algo, que les maten un hijo, algún ser querido y ahí recién se van a mover, mientras tanto seguirán matando inocentes.
¿Cuándo van a cambiar nuestras leyes antiguas? leyes que servían hace 50 años atrás, pero hoy en día la realidad es otra y no podemos vivir con estas leyes que quedaron obsoletas en el tiempo.
¿Hasta cuando se van a lavar las manos señores gobernantes? sino tienen los huevos para hacer algo, déjenle el cargo a una persona que quiera hacer algo por la sociedad y no que mire hacia el costado.

De este problema no es responsable únicamente el gobierno actual, son responsables todos los partidos, el problema ya arranco con los partidos tradicionales que nunca hicieron nada y ahora que son oposición es muy fácil criticar en lugar de colaborar. Vote a este gobierno pensando que iba a ver un gran cambio en materia de seguridad, pero veo que son más de lo mismo. Ya no importa que partido gobierne sino que sean personas que piensen en la sociedad y en la justicia. En el único momento que veo a los políticos yendo a lugares marginados o haciendo algo es cuando están en campaña política para obtener votos, después de eso ya no les importa nada y se olvidan de la gente.

Vivimos en una sociedad de la indiferencia, porque nos han hecho acostumbrarnos a vivir así los gobiernos, la muerte de cualquier persona inocente en manos de estos salvajes nos tendría que tocar a todos si tenemos un mínimo de sentimientos, pero el tiempo no hace olvidar y sobre todo si no conocimos a la persona.
Quien se acuerda de los comerciantes que han matado hace 3 o 4 años, solo sus familiares y amigos, o las personas que lo conocieron en algún momento.
Yo mismo me olvido con el tiempo de esas personas que mataron que no conocía y que ya no tendré oportunidad de conocer. Pero esta vez la muerte de Aníbal el comerciante de Capurro me toco bien de cerca, me llego al corazón, ya que lo conocía hace 14 años del almacén y tenia trato con el diariamente. Aníbal era una persona muy solidaria, una persona de bien, una persona que le fiaba a un desconocido, siempre que pasaba por el almacén tenia una sonrisa, un chiste o hablábamos de nuestro peñarol. Siempre preguntaba por mi abuela. En mi mente queda la última charla que tuvimos la noche anterior a que lo mataran.
No puedo dejar de rebobinar mis pensamientos a esa ultima charla, porque no logro caer de que este muerto. Pasar por el almacén y verlo cerrado y vacío sin Aníbal me da una gran tristeza, un sentimiento de impotencia que jamás había sentido.

Desgraciadamente nos estamos acostumbrando a un país que si sigue así nuestras casas van a ser cárceles de rejas, los comercios van a estar cerrados o serán manejados por las viudas de los trabajadores difuntos, las calles serán manejadas por los delincuentes, las sirenas de ambulancias o patrulleros convivirán con nosotros y los gobernantes seguirán mirando hacia un costado.
Lamentablemente estoy perdiendo las esperanzas de que los gobiernos hagan algo para cambiar esta situación, no podemos quedarnos esperando a que los políticos o jueces se muevan porque no lo harán, no les interesa la población trabajadora, sino beneficiarse ellos mismos y enriquecerse a costa del pueblo. Hoy en día la vida para estos inhumanos ya no tiene valor que nos matan por 2 pesos, ya no hay códigos, se perdió todo, desde que ingreso la pasta base se pudrieron para siempre estos asesinos y no tienen recuperación. Recuperación puede tener un ladrón que roba porque no tiene nada para comer, pero no un asesino. Nosotros pagamos nuestros impuestos para mantener a esta miseria de la sociedad, trabajamos 14 horas para que un hijo de puta nos quite todo en un segundo, para que los manden a un centro de recuperación sabiendo que no la tienen y en el que se viven escapando para volver a cometer crímenes. Es un circulo vicioso de no acabar si alguien no hace algo ya.

Por ultimo quisiera que todos los que por suerte no pasaron por estas situaciones pensaran y reflexionaran por un minuto en alguien que conocen y aprecian de toda la vida y que así de golpe mañana ya no lo tienen porque un desgraciado decidió arrebatarle la vida. ¿Qué sentirían? Impotencia tal vez, bronca, venganza, rencor…
Bueno si no quieren pasar por esto no esperemos más y hagamos algo ya.
Propongo la idea de que todas las familias y conocidos de estas que pasaron por situaciones desagradables se contactaran entre ellas para hacer una gran manifestación sin precedentes. Tanto las familias y amigos de almaceneros muertos, como de taxistas, chóferes de ómnibus, así como de personas muertas en el futbol. Esto no lo va a cambiar el gobierno, lo cambiamos nosotros. Es una perdida de tiempo esperar a que el gobierno haga algo. Estoy podrido de ver al ministro Bonomi en los noticieros hablando después de la muerte de un trabajador, “deja de hablar y hace algo”. Sé que una manifestación no va devolver la vida de Aníbal y de tantos otros, pero por lo menos demuestra que estamos con bronca y no estamos dispuestos a tolerar mas perdidas humanas sin sentido. La unión hace la fuerza y todos unidos podemos lograr lo que no puede el gobierno. Me pregunto que pasaría si todos de golpe decidiéramos dejar de pagar los impuestos, que pasaría si no fuéramos a votar esta broma del BPS, si decidiéramos tomar justicia por cuenta propia, ¿que pasaría?
Se imaginan, habría un caos en el gobierno y en el país que no podrían controlar a tanta gente tomando la misma elección. La idea con esto no es dejar de pagar los impuestos o de votar, sino esto mismo enfocado en la justicia, hacer algo que no le deje al gobierno otra alternativa que cambiar ya. Todos juntos lo podemos lograr.

Aníbal siempre te vamos a recordar

Tu vecino de Capurro
Pablo